miércoles, 26 de noviembre de 2008

En Expocomic







Fotos ambiente.

sábado, 18 de octubre de 2008

El regreso de Barry Allen (Cristian Rodríguez)


Ya es noticia de que el Flash de la Silver Age, Barry Allen regresará de la tumba en breve para volver al mundo actual de DC.
Ya hace 23 años que Barry Allen murió en una de las sagas más celebradas de DC, Crisis en tierras infinitas, donde se hacía borrón y cuenta nueva con la mayoría de héroes de DC.
Despues de todo este tiempo y tras haber afirmado que no se haría en repetidas ocasiones, Flash vuelve a la vida en la nueva saga de DC Final Crisis y nada menos que por uno de los mejores autores de la actualidad que es Geoff Johns, que ya se encargó de Wally West (el tercer Flash y el actual) desde el num. 164 al 225 en una de las mejores épocas del personaje (para mi la mejor).
Pues al igual que pasó con el renacer de Hal Jordan en la miniserie Green Lantern: Rebirth, ahora Geoff Johns vuelve a escribir un renacer con Flash: Rebirth.
Tras todos estos años mucha gente piensa que Flash no debería resucitar, ya que Wally West es un Flash que se ha hecho tan importante como el y así Barry Allen seguía siendo la leyenda. Pero yo veo un problema en la mitología de Flash, que es el cambio de uniforme. Hasta ahora ya ha habido 4 Flashes, el último, Bart Allen sólo tuvo una colección de 13 números en solitario y seguidamente le mataron por falta de ventas.
Se ve que en DC se han dado cuenta de algo que yo ya llevo pensando mucho tiempo. Los superhéroes son una persona concreta, no se les puede poner el traje a otra persona con los mismos poderes y seguir adelante. ¿Qué pasaría si muere Batman y ponen a otro en su traje que no fuera Bruce Wayne? ¿Tendría algún éxito? ¿Y Lobezno o Superman?
Un héroe para afianzarse necesita una personalidad y una persona que sea siempre la misma. Si se cambia es como si nos sintiéramos engañados, al menos me pasa a mí. No es cambiar el traje a otro y ya está.
Esa es la razón por la que pienso que es bueno que hayan resucitado a Barry Allen, ya que así vuelve el auténtico Flash. Y es la razón por la que también han vuelto heroes como Green Lantern o Green Arrow.
Por otra parte me parece que esto de matar a los héroes y resucitarlos siempre es algo un poco triste, porque cuando muere un héroe en DC sabes casi seguro que lo van a resucitar. Así se pierde toda la emoción en las historias. Ha pasado con casi todos los heroes de DC como: Superman, Green Lantern, Green Arrow,… y ahora el segundo Flash (y parece que el cuarto también vuelve).
Es una cuestión de tiempo que se den cuenta en DC de que los héroes de sus cómics son como los Simpson, no envejecen

viernes, 20 de junio de 2008

Tonta polémica tonta (Javo Rodíguez)

El pasado 30 de abril apareció, en el diario El público, el artículo de opinión titulado "Yo soy la debilidad" firmado por Angelica Liddell.

Al comienzo de su escrito la autora considera que cierto restaurante de putas, albañiles y viejos es un buen sitio para reflexionar acerca de los superhéroes. No voy a discutirlo, cada uno reflexiona donde le da la gana.

Ubicado el lugar de reflexión, el análisis (?) de Liddel comienza pontificando: El superhéroe representa en nuestros días la cúspide del puritanismo social y de los valores incorruptibles de la clase media europea.

Es de suponer que Liddel, cuando habla de superhéroes, se refiere exclusivamente a un determinado tipo de personaje: el superhéroe estadounidense de cómics. Baso la suposición en que su columna se incluye en una doble página dedicada a la muerte de Superman, personaje sobre el que no tiene mucho que decir, tan solo una cita que Liddell considera brillante: A Superman nunca se le notan las venas de la polla. Este tono poético de obsoleta niña terrible es el que marca el escrito.

Obvia Liddell que estos superhéroes estadounidenses no son más que mitos, en el fondo continuadores de una tradición que tiene sus orígenes en seres como Aquiles, Mercurio, Hércules, Sansón, Moisés... su única diferencia viene dada por el origen de sus poderes. Si los superhéroes de la antigüedad adquirían sus poderes por diferentes motivos religiosos y/o mitológicos, los nacidos en el siglo XX, los adquirieron por razones más modernas, eran alienígenas, humanos que se transformaban por la radioactividad o simples mutantes. Los primeros, los superhéroes de la antigüedad, tenían el molesto lastre de la religión y pretendieron una cierta realidad; los del siglo XX son pura ficción y nunca han pretendido salir de este terreno. Si algo les une es que son muy divertidos, si algo les separa es el cultismo que pretende, una y otra vez, colocar a la literatura por encima de cualquier otro medio de expresión, en este caso los tebeos. Antes de apasionarme por el Universo Marvel lo hice por la mitología griega, pero lo cierto es que el primero es más amplio, mas divertido, más moderno y más interesante que la segunda.

En cuanto a lo que se refiere al puritanismo y valores incorruptibles que representa el superhéroe, Liddell es, simplemente, antigua y desinformada. Antigua porque confunde al superhéroe actual con Superman, nacido hace setenta años. Desinformada porque desconoce títulos esenciales de "nuestros días". Si en lugar de acudir a las fáciles fuentes del tópico hubiese tratado de enterarse de como va la cosa en la actualidad, tal vez sus opiniones fuesen diferentes. Una simple lectura de títulos como Wachtmen, The Boys, Wanted, Top Ten, The Authority o The Ultimates, por poner unos ejemplos, bastarían para hacerle ver el ridículo tópico de su afirmación.

Prosigue Liddell pontificando de nuevo: [El superhéroe] encarna la búsqueda permanente de coherencia, lo cual le convierte en un estúpido o en un fascista.

¡Joder! Así que si intento rebatir con coherencia sus ¿argumentos? me convertiré en un estúpido o en un fascista. A riesgo de recibir cualquiera de los dos insultos tratare de ser coherente.

Por supuesto que han existido, y existen, superhéroes estúpidos, como existen personajes de la literatura, el cine, el teatro o la tv estúpidos. La estupidez, obviamente es de dos tipos, provocada con intención por sus autores o producto de la estupidez de sus autores. La primera no es más que un recurso lícito, la segunda una desgracia que se ha de soportar en cualquier modo de comunicación. Si lo que pretende afirmar Liddell es que todos los autores de cómics son estúpidos lo único que puedo responder es que lea más de lo que se escribe en el siglo XXI en lugar de descalificar sin conocimiento. Si Alan Moore, Mark Millar, Warren Ellis o Garth Ennis, por poner sólo unos ejemplos, son estúpidos habría que revisar el concepto de estupidez. En realidad lo que se esconde bajo las palabras de Liddell es un profundo desprecio a un género que desconoce.

¿Superhéroes fascistas? Evidentemente que han llegado a las páginas de los cómics. Los superhéroes no son más que mitos, hijos de la sociedad y los artistas que los crean. El Capitán América que nació propinando un antifascista puñetazo a Hitler en los años 40 del pasado siglo, pasó a ser un furibundo fascista anticomunista en la época de McCarty y, en la actualidad, encabeza a los superhéroes partidarios de la libertad, frente a los partidarios de la seguridad encabezados por Ironman. Los superhéroes han tenido padres (muchos curiosamente guionistas y dibujantes judíos de Manhattan, antifascistas antes de que EEUU entrase en la II Guerra Mundial), pero, en la actualidad son franquicias de las editoras y, su personalidad depende más de los artistas que realizan sus historietas que de la marcada en su nacimiento. Al igual que sucede con los mitos teatrales griegos Edipo, Electra... son utilizados por autores modernos como pretexto para contar "su historia", los superhéroes son un terreno en el que los autores de cómics cuentan "su película".
¿Coherentes? Ironman es, gracias a su entretenida versión cinematográfica, un héroe de moda que, para los lectores europeos, españoles, de clase media, es el villano del año.

Pero Liddell no se entera de nada de esto, prefiere anclarse en el siempre reaccionario tópico, en el desconocimiento. Angélica Liddell se incluye en la amplia nómina de moralistas puritanos, una "selecta lista" en la que figuran, entre otros, Fredric Wertham, el PC francés, Fidel Castro, Fraga Iribarne... o yo mismo en remota época. Las razones de estos puritanos fueron de diferente índole y con distintos objetivos. Wertham se basó en la psicología (Batman y Robin eran homosexuales), con la intención de provocar la censura en la tenebrosa época de la caza de brujas. El Partido Comunista francés y Castro (curiosamente al igual que Mussolini, en la II Guerra Mundial) en la fobia antiestadounidense, también con la intención de censurar. Manuel Fraga Iribarne en la presión de la Iglesia Católica, que consideraba a los superhéroes rivales de ángeles y del mismo Dios (amén de proteger a Bruguera de la competencia de Novaro), con intenciones censoras y económicas. Y, perdón por la inmodestia, yo mismo, por entender que violencia de los cómics de superhéroes era perjudicial para los niños aunque mis intenciones -al igual que las de Lidell, supongo- no eran censoras.

Probablemente nada de esto interese a Liddell, pero ¿entonces para que se mete?
Ella misma lo explica: detesta a los superhéroes porque uno de mis sueños frustrados, desde niña, ha sido trabajar de puta de carretera y contagiar enfermedades a los hombres. La androfobia de la frase casa perfectamente con la sandez de sus razones para ¿reflexionar? sobre lo que desconoce y es que Liddell no es la debilidad, es la hostia.

sábado, 14 de junio de 2008

Un día más (Iván Rodríguez)

La verdad es que nunca he seguido de forma regular las aventuras de Spider-Man y los comics que he leído del personaje, generalmente, han sido prestados. No fue hasta que comenzó la línea Ultimate que empecé a interesarme por el Trepamuros. La
actualización que está realizando Bendis del personaje me parece impresionante. El engancharme al Ultimate Spider-Man me ha hecho ignorar al personaje en su línea “normal” y perderme, en parte, la revolución que ha llevado a cabo Straczynski.
Aunque, gracias a las recopilaciones en tomos, estoy consiguiendo recuperar esta genial etapa.
No me parece que Straczynski sea el mejor autor que trabaja en Marvel actualmente, pero no puedo negar que sus guiones son estupendos. Lo cierto es que, a raiz de Civil War y de la importancia que tenía Spider-Man en este crossover, empecé a fijarme con más atención en el personaje y en su guionista, hasta el punto de continuar con la colección una vez finalizada Civil War. Incluso pese a la facilona maniobra comercial
del arco argumental que seguía al crossover. Lo de “Back in black” estaba completamente marcado por la tercera (y patética) entrega cinematográfica de Spider-Man. Pero tampoco le di más importancia de la debida ya que el hecho del cambio de
traje estaba muy bien justificado en la historia. Evidentemente gracias a la genialidad de Straczynski.
Ya he comentado otras veces que Civil War me gustó mucho. Excepto por su final me parece una historia de lo más interesante. Pero también he dicho otras veces que todos los “grandes” cambios producidos por dicho crossover se van yendo a la mierda a
medida que las colecciones implicadas recobran la normalidad. Hace unos meses, con motivo del número uno de World War Hulk se acababa con el tema de que los superhhumanos no registrados eran perseguidos por los sí registrados, aunque parece que a Ellis le moló el rollo y sigue dándole caña en sus Thunderbolts.
La otra importante consecuencia de Civil War fue que Spider-Man había desvelado su identidad secreta públicamente. Esto, en el único personaje de Marvel en el que muchas historias se basan en los problemas del alter ego del superhéroe, no podía durar.
Por una parte me fastidia bastante el rollo de Marvel de hacer grandes cambios para a los pocos meses inventarse la forma de que todo vuelva a la normalidad, pero por otra parte me encanta la forma en que lo han hecho Straczynski y Quesada en “Un día más”.
Me parece un comic imprescindible para cualquier seguidor de Marvel, ya sea habitual del trepamuros o no.
Ha habido mucha polémica sobre el final de la historia: que si es alteración de la realidad (opinión de Straczynski), que si es magia (opinión de Quesada). No me voy a meter en cual de las dos opciones es más o menos coherente o ridícula, simplemente
creo que nunca deberían haber desenmascarado a Spider-Man para posteriormente (y en un tiempo relativamente breve) inventarse que todo sigue igual. Lo que me fastidia es
que la historia que Straczynski escribe, para hacer lo que a priori me parece una chapuza, me parece genial. Esta muy bien escrita y dibujada, y es una lástima que ya no tengamos a Straczynski como guionista de Spider-Man.
De todas formas, que los seguidores de Straczynski no se preocupen, porque ahora le toca el turno a otro personaje que había perdido el rumbo: Thor.
Thor nunca ha tenido ni tendrá la importancia de Spider-Man, pero hay que estar al tanto de lo que Straczynski es capaz de hacer con el asgardiano.

viernes, 13 de junio de 2008

La gran columnista Angélica Liddell (Iván Rodríguez)

No tengo ni puta idea de quien coño es el tal Sindo al que cita la gran columnista Angélica Liddell en “YO SOY LA DEBILIDAD” publicada en el diario Público (30.04.08). cuando dice: “A Superman nunca se le notan las venas de la polla”. Pero, aun no siendo yo un gran fan del de los calzones por fuera, le puedo dar dos opciones para que satisfaga su curiosidad:


1 – Apáñeselas para ver Mallrats, la peli de Kevin Smith, en la que hay una interesante conversación sobre los hábitos sexuales del sujeto de pene peligroso para las o los simples mortales.
2 – Para ver potentes pollas venosas es mejor dar una vuelta por la sección de adultos de cualquier tienda de comics. Estoy seguro de que la variedad la dejará abrumada y que si se esfuerza un poco es posible que encuentre algún dibujo de Superman luciendo su kryptoniano miembro. Estoy casi convencido de que a alguien se le ha ocurrido haceruna versión porno de tan famoso superhéroe.

La original cita del fulano conocido como Sindo (si fuese mujer no quedaría bien poner fulana, así que en beneficio de la política de la corrección intuiré que es un maromo interesado en rabos de superhéroes) es solo la primera perla de un cúmulo de despropósitos que la gran columnista Angélica Liddell pretende hacer pasar por una columna de opinión.

Después de la profunda reflexión sobre las venas del supercipote pasa a criticar de forma despiadada a los superhéroes en general con frases como: “El superhéroe representa en nuestros días la cúspide del puritanismo social y de los valores incorruptibles de la clase media europea. Encarna la búsqueda permanente de la coherencia, lo cual le convierte en un estúpido o en un fascista”. Reflexiones como estas son dignas de esos grandes psicólogos y/o sociólogos que dicen que los niños que cogen un fusil de asalto y se cargan a sus compañeros de escuela lo hacen porque han estado escuchando a Marilyn Manson (esto es un poco anticuado, pero la verdad es que no se quien es actualmente el representante musical del Diablo) o les gustan los juegos de rol.

La gran columna, como si de una maravillosa sinfonía se tratase, va in crescendo hasta llegar a mi parte favorita, en la que la gran columnista Angélica Liddell nos desvela su frustrada vocación de meretriz sufridora de enfermedades venéreas con intención de contagiar a los hombres. Esto lo escribe ella, y cito textualmente: “porque uno de mis sueños frustrados, desde niña, ha sido de trabajar de puta de carretera y contagiar enfermedades a los hombres”.

¿Obsesión por los penes superheroicos? ¿Odio hacia el género masculino? ¿Necesita la gran columnista Angélica Liddell un juguetito de tienda especializada en el arte del amor?

Es muy posible que yo sea completamente idiota y no sepa leer entre líneas tan sutil y hermosa columna, es probable que mi idiotez venga de leer estúpidos y/o fascistas comics de superhéroes y que cuantos más leo más se me va pudriendo el cerebro. Y que estas circunstancias me lleven a escribir mis desvaríos en un blog, o quizá algún día poder plasmar mis pútridos pensamientos en una columna.

No me voy a molestar ni en hacerle una lista de lecturas recomendadas, ya que estoy convencido de que una persona tan bien informada como usted se habrá documentado para escribir una opinión sobre superhéroes. Aunque, sinceramente, creo que una columnista de su calibre debería escribir sobre cosas más serias y dejarnos estos temas a los frikis descerebrados.

miércoles, 30 de abril de 2008

Carlos Giménez (Javo Rodríguez)


Después de un tiempo, Carlos Giménez ha vuelto con una nueva serie: 36-39 Malos tiempos, de la que acaba de aparecer el segundo tomo.
Una vez más ha conseguido que su lectura no se pueda abandonar hasta llegar a la última (maldita) página.

El tomo, recién aparecido, fue presentado en el Salón del Cómic y, como sucede con los trabajos de Giménez en muchas ocasiones de este tipo, el trasfondo histórico, obviamente la guerra civil, primó sobre la propia obra.
En más de una ocasión Giménez ya ha dejado claros sus puntos de vista sobre la carnicería española. Primero: pretende ser objetivo con los hechos, pero él no es neutral, “desprecio a los neutrales”, afirmó literalmente. Segundo: en cualquier guerra se producen barbaridades y crímenes en ambos bandos contendientes, pero en nuestra guerra civil, todas esas barbaridades y crímenes fueron fruto de un sangriento golpe militar, dirigido contra un régimen democrático y legal.
Personalmente comparto ambas opiniones, pero aunque no fuese así no dejaría de admirar a Carlos Giménez. Las buenas intenciones, la ideología, no bastan para obtener una obra artística respetable (la cantidad de pelis muermos sobre guerra civil que he soportado). Giménez traspasa esas buenas intenciones, para convertirse en uno de los grandes narradores del cómic actual.

Tuve el placer de conocer a Carlos Giménez hace más de veinte años. Por entonces ya era admirador de su trabajo. De hecho él (y los guiones de Sánchez Abuli) eran lo que me mantuvo sujeto al cómic en una época llena de Moebius (también presente en el salón) o Corben, quienes, con todo los respetos, me aburrían mortalmente.
Por entonces yo estaba en el teatro, en la Sala Triángulo, y tenía el proyecto de adaptar sus divertidas Historias de sexo y chapuza. Giménez fue extremadamente amable y generoso, concediendo derechos y libertad para versión. Aunque el proyecto no paso de la fase de ensayos, escribí la adaptación, lo que me dio ocasión de conocer a fondo su arte narrativo.
He dicho “escribí”, pero en realidad no hacia falta adaptar nada, sus bocadillos ya eran puro diálogo, sus dibujos contenían todas las acotaciones para una puesta en escena.

Mi admiración por el autor no ha dejado de crecer desde entonces. Solo la lectura de la última historieta de 36-39 Malos tiempos II, titulada Sito, merece, sin despreciar a las demás, la compra y lectura del álbum.

Si, hay que agradecer a Giménez que siempre opine, que se pringue, que sea crítico, pero sobre todo yo le agradezco el enganche que me produce su arte –supongo que él nunca lo llamaría así- para dibujar, para escribir... para narrar.

martes, 29 de abril de 2008

Apocalipsis Friki (Javo Rodríguez)

Debo reconocer que, aunque apreció a los guionistas, es difícil que, en general, un cómic me entre si sus dibujos no me gustan. Esto ha hecho que la obra de Peter Bagge me resultase de difícil lectura, Pero también es cierto que si un guión me engancha, el dibujo puede pasar a un segundo plano. Esto es lo que me ha sucedido con Apocalipsis Friki (Apocalypse Nerd) publiacdo por La Cúpula.

La traducción española de nerd no es demasiado afortunada, su traducción se acercaría mucho más a borde –en su acepción de antipático- que la de friki, por más que sus protagonistas –el informático Perry y el camello (en su acepción de persona que vende drogas tóxicas al por menor) Gordo- puedan parecer algo frikis.

Aquí es donde empiezan las contradicciones, Perry y Gordo, son normales, demasiado normales. El propio Bagge ya dijo en Barcelona que se había encontrado con muchos, demasiados, Buddys (Hate) en España. Apocalyse Nerd se acerca más a mis queridas historias de The Living Dead, con unos personajes colocados en una situación límite, que al humor.

La historiieta no tiene nada de graciosa, es bastante terrible y significativa de lo que la paranoia puede producir. Bagge afirmó en Barcelona, para disgusto de obsoletos anti-estadounidenses, “mi trabajo no es un ataque a mi país, es una sátíra de la sociedad estadounidense, porque es la sociedad en la que vivo”.

Dado que la sátíra es una composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo, no cabe duda que Bagge lo consigue, Una obra, contra la paranoia de la seguridad (y de paso contra las armas) que merece la pena leer y, para mi, lo mejor de Peter Bagge.